Noches grises


Caminan cubiertos de negrura
en noche gris, de septiembre,
mientras sus ojos tornan, envilecidos,
como cascabel de serpiente.

     Vemos como la negrura empaña nuestro futuro. Han quemado la ilusión y la esperanza en una gran hoguera, avivada con desmedido desprecio. Sin embargo, mucha gente no siente todavía el calor de las llamas, no siente cómo el fuego, poco a poco, abrasa nuestros derechos, nuestra libertad y nuestra democracia, rociada con gasolina.
     Cuando llegue septiembre Alberto y Sandra, ambos parados y padres de dos pequeñuelos, lo tendrán muy difícil  para pagar la cuota de su pesada hipoteca. Por si esto fuera poco, este año se le complicarán más las cuentas con la subida al 21% de todo el material escolar. Muy probablemente tengan que renunciar a las actividades extraescolares para poder costear estos gastos añadidos.
     Elena está embarazada de 19 semanas. Se acaba de enterar que su niño, al que llamaría Álex, sufre una grave malformación que hará su vida muy complicada. Está decida a abortar. Es una decisión muy dolorosa para ella, pero no quiere que su hijo lleve una vida llena de sufrimiento. Observa las noticias con estupor, no entiende cómo un ministro puede ser capaz de sembrar sufrimiento mientras recortan en dependencia.
     Carlos es publicista y trabaja para una gran agencia de comunicación. Se contagió de mononucleosis hace tres semanas. Llevaba dos semanas enfermo cuando su empresa decidió prescindir de él. La nueva reforma laboral de Rajoy  establece que una empresa podría prescindir de un miembro de su personal si este ha permanecido de baja durante más de 9 días, pudiendo despedirle con 20 días de indemnización y un máximo de 12 mensualidades. Carlos está desesperado, lo más probable es que, en la situación actual, tarde mucho tiempo en encontrar trabajo.
     Rosario es una anciana de 80 años. Lleva diez en una pequeña residencia de Toledo, donde ha vivido toda su vida. Los recortes en dependencia han provocado que su residencia se vea abocada a echar el cierre y tenga que ser trasladada a otra residencia mayor, muy lejos de su localidad y de sus amigos de toda la vida.
     María es inmigrante y está en situación irregular. Está infectada de VIH y su tratamiento es carísimo. Hasta ahora se ha podido tratar gracias a la sanidad pública, sin embargo a partir del 1 de septiembre no tendrá acceso a la medicación por culpa del  Real Decreto-ley de 24 de abril aprobado por el Partido Popular. Tiene un pequeño sueldo que apenas le llega para vivir. No podrá comprar la medicación y está sentenciada a morir.
     Los casos narrados, no son verídicos, pero se producen cada día, con distintos nombres. Nuestros derechos se ven cada vez más acortados y caminamos hacia una desigualdad manifiesta. Sólo los más ricos se mantienen al margen de estos hachazos, de hecho, son sólo ellos los únicos beneficiarios de toda esta indecencia. Para muchos, las noches vuelven a ser grises.

Carta abierta al Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy Brey

Estimado presidente,
     Como usted sabe lleva al frente de nuestra nación más de siete meses, un periodo que, a la mayoría de los españoles, se nos ha hecho como siete largas legislaturas. Una sensación que, lamentablemente, no consigue alimentar nuestro paladar hambriento que, continuamente, es engañado con amargos edulcorantes. Y con ello me pregunto si su futuro estará en los escenarios, ya que su tarea interpretativa es encomiable. No es tarea fácil disimular la barbarie que comete, al menos, no lo debe ser para alguien con corazón o, en su defecto, una pizca de dignidad. Como, usted y yo, sabemos que carece de ambas cosas será mejor no perder el tiempo e ir, directo, al grano.
     Me parecía imposible que alguien pudiera superar el negro horizonte dibujado por José María Aznar durante su mandato, sin embargo, usted lo ha echo. Por ello, le felicito. Le felicito porque en un tiempo récord se ha convertido, y con facilidad pasmosa, en el peor presidente que ha tenido nuestra maltrecha democracia. Le felicito porque en menos de un año ha devuelto a nuestro país a los albores del franquismo. Conocía, de sobra, que era un melancólico de esa etapa oscura, pero jamás hubiera imaginado que nos reconduciría a ella de esta forma.
     Sé, también, que usted sólo es el mensajero de unas medidas arbitrarias e injustas dictadas desde las sombra, pero sigue siendo el máximo responsable de su incompetencia. Su obra, que quiere convertir los servicios públicos en el nuevo boom del ladrillo es, llanamente, inhumana. Por ello quiero pensar que, de la misma forma que no es capaz de entender su propia letra, no entiende lo que le están mandando ejecutar. Pero la gravedad de la situación me impide hacerlo.
     Está desmantelado la sanidad pública y la educación pública, reduciendo las prestaciones sociales y las ayudas destinadas a la dependencia.  Pero, por si fuera esto poco, ha conseguido, con múltiples reformas, atentar contra unos derechos que nos ha llevado años de lucha y esfuerzo conquistar. Pero usted no entiende de esfuerzo. No sabe lo que es pasar hambre ni conoce la desesperación. Ese desconocimiento lo ha llevado, probablemente, a cometer el mayor fraude electoral de nuestra historia democrática y a engañar, de manera rastrera, a su electorado.
     Sabemos, sobradamente, que sus medidas no nos sacarán de esta crisis (gestada en la época popular y torpemente tratada por José Luis Rodríguez Zapatero), sino que nos van a hundir todavía más en la miseria. Sabemos que se pasea subido a una fina cuerda tendida entre los rascacielos más altos de Europa y que sus manos cargan con el peso de un palo demasiado largo para su estatura. Todo parece indicar que acabará precipitándose al vacío y que labrará su redonda cara en duro asfalto. Mientras eso no sucede, sólo le pido una cosa: no humille a los parados, estos ya tienen bastante siendo maltratos por sus miserables medidas.

Ellas deciden

     El 3 de marzo del año 2010 el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero abrió una nueva puerta hacia el progreso al promulgar la Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. La ley entró en vigor el 5 de junio del mismo año con el fin de garantizar los derechos en el ámbito de la salud sexual y reproductiva establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
     En los artículos 13 y 14 de esta ley se concreta la despenalización del aborto inducido durante las primeras 14 semanas del embarazo. Durante este período la mujer puede tomar la decisión, libre e informada, sobre su interrupción. El art. 15 aumenta este lapso de tiempo hasta la semana 22 en casos “graves de riesgos para la vida o la salud de la madre o del feto”. A partir de la vigésimo segunda semana sólo se podrá interrumpir si “se detectan anomalías en el feto incompatibles con la vida” o que “se detecte en el feto una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del diagnóstico y así lo confirme un comité clínico”.
     Ahora, el “progresista” de Gallardón ha expresado su voluntad de eliminar el supuesto de aborto por malformación, transportando a las mujeres al franquismo. Seremos testigos de vuelos discretos con rumbo al extranjero para terminar con la angustia y veremos a mujeres cruzar las puertas de centros clandestinos, poniendo en riesgo no sólo la vida del feto, sino también la de la madre. Lo curioso de todo esto es que el 81% de los españoles está en contra de la reforma y sólo un 27% de los votantes del Partido Popular la apoya. Y si atendemos a los católicos practicantes, el 64% está absolutamente en contra, mientras que el porcentaje llega al 85% en los no practicantes.
     Hay otras formas de prevenir y le aseguro que no es esta. Busque otras vías como la educación sexual y evite la negación de derechos. Si cree que con su reforma se reducirá el número de abortos, está equivocado. Le recuerdo que abortar no es un placer, aunque usted lo vea así, y se seguirá haciendo, pero, tristemente, en peores condiciones. Eso sí, dejarán, como siempre, la posibilidad de ejercer este derecho con total seguridad a los bolsillos acaudalados. ¿Doble moral? En efecto.
     Está claro que las mujeres quieren decidir y no desean que un ministro ni un sacerdote les imponga un resultado. Porque ellas, y sólo ellas, son dueñas de su propio cuerpo y han de decidir, ponderando la esperanza de vida del niño y los posibles riesgos, lo mejor para su futuro en un supuesto tan doloroso y complicado. Hay ya demasiado sufrimiento como para traer al mundo más dolor. Pero qué va a saber usted de sufrimiento señor Gallardón, qué va a saber usted.

Ruinas

       La tempestad rompió los ventanales y el frío escarba ahora nuestros huesos. Los pilares, que sujetaban su esqueleto, ahora desnudo y sólo protegido por desconchadas capas de pintura roja, vacilan con el viento. Nunca habíamos visto ruinas tan delicadas.
     Creímos haber construido un edificio robusto, con gruesas paredes y fuertes pilares, resistente a cualquier temporal posible. ¡Pobres ilusos…! Jamás habíamos pensado que la derecha más inhumana e injusta resurgiría de sus ataúdes forrados de riqueza para imponer un nuevo modelo de sociedad, el mismo modelo que habíamos reducido hace años y que, bajo el principio de igualdad y solidaridad, situábamos soterrado. Pero ellos no quieren ninguna de esas dos cosas: anhelan dividir la población por su nivel de riqueza y convertir nuestros derechos en los nuevos privilegios de unos pocos afortunados, bautizando, así, nuestro país en un gran club de visa y parné. Quieren, de un modo más claro, llevar a cabo un apartheid económico donde los trabajadores vuelvan a ser esclavos del capital.
     Aunque para su tarea no necesitan diputados, sólo una máquina de demolición para aporrear los muros del esfuerzo y una excavadora para levantar los cimientos que labró la lucha. Y no, no lo hacen por necesidad… es una cuestión de fina ideología. Se puede recortar duplicidades administrativas, asesores o sueldos desproporcionados… pero prefieren talar la democracia y podar nuestros derechos. Mientras su caudal de mentiras cobra cada día más fuerza, el desmantelamiento del sector público con el fin de cebar al privado, los delata.
     Sus gestos rastreros no ayudan a la política. De hecho, han conseguido, con su contradictorio y falso discurso, que los ciudadanos pierdan su confianza plena en los supuestos representantes del pueblo. Será difícil recuperarla, pero no imposible. Para ello habrá que realizar una buena purga democrática donde se amolden los sueldos a la realidad del país, donde haya una protección de los derechos de los más vulnerables y donde se garantice un ejecutivo que legisle para la mayoría social y que no sea esbirro de unos pocos empresarios y banqueros. Los políticos deberán volver a ser representantes y dejar a un lado su aire militar. Sólo lo lograrán si ponen punto y final a la dictadura económica que amputa nuestra esperanza a través de amenazas y miedo.
     Han tirado por la borda años de lucha y esfuerzo, de dolor y sufrimiento, y están consiguiendo acabar con lo que, para ellos, son las grandes mamandurrias: educación pública, sanidad pública, pensiones y dependencia. Quiero pensar que sus acciones son fruto del desconocimiento, de que ignoran lo que es el verdadero significado de la palabra “necesidad”… pero ya han sembrando demasiada desesperación...
     Y en medio de este negro horizonte, a nosotros, sólo nos queda la lucha. Debemos transformar la indignación y la cólera en compromiso. Debemos prepararnos para cuando la izquierda vuelva al Gobierno porque nos esperará una dura y larga tarea: nos tocará levantar lo que han derribado. Yo también me comprometo a trabajar para restaurar el gran edificio que están demoliendo, y que tanto esfuerzo ha costado levantar, bajo los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Jamás permitiré que las sucias maniobras de la derecha manchen la memoria de millones de trabajadores y revolucionarios. Yo no seré siervo de esta gran mentira. Nunca.