Los resultados de las elecciones
asturianas y andaluzas parecen indicar que el malestar de la sociedad con el
Partido Socialista está disminuyendo. Los continuos ataques, llevados a cabo en
menos de cien días por el Partido Popular, a los servicios públicos y a las
clases medias han abierto los ojos de una población que camina entre el miedo y
la incertidumbre, ya que el modelo de Estado del bienestar que conocían hasta
ahora, y que está siendo salvajemente vapuleado, no será el mismo.
Parece, esta vez sí, que la marea azul ha
chocado contra un duro muro de piedra. Sin embargo, no debemos cantar victoria,
al menos, aquí, en Galicia. La realidad política de la comunidad gallega ha
derivado en una situación compleja en los últimos meses. La escisión de Bloque
Nacionalista Galego y el frente abierto dentro del PSdeG parecen indicar que
las próximas no serán unas elecciones tranquilas. Mientras la derecha permanece
como siempre unida en su credo, la izquierda crítica se dispersa.
Gran parte de sociedad gallega se siente
desorientada, desalentada y no representada por las formaciones políticas de
izquierda, que han de adaptarse a un nuevo escenario político, con nuevas
herramientas de intervención política y participativa. Han de dejar la postura
de filósofo para poder gestionar y transformar la realidad. El núcleo de su
política tendría que ser el acompañamiento de la sociedad civil y la tutela del
movimiento social.
A su vez, la red debería convertirse en el
principal vehículo para trasladar un discurso político sólido que haga mella en
los grupos sociales y en las clases medias, usando como eje la defensa de los
servicios públicos frente a la voraz privatización de la derecha. Pero los
órganos están viejos, necesitamos nueva sangre para regenerar las células y
crear un fuerte tejido. La renovación, la formación de grupos de base y la
interlocución de ideas han de ser algunas de nuestras armas para acabar con la
desafección que salpica a la política.
Todo parece indicar que Pachi Vázquez será
quien se enfrente a un Núñez Feijóo debilitado. La nefasta gestión del líder
popular ha pasado factura y a pesar de que pierde votos a medida que pasan los
días, la división en la izquierda puede prolongar su reinado. Es cierto que la
escisión del BNG jugará en nuestra contra a corto plazo, pues formaciones como
Encontro Irmandiño, Máis Galiza o Acción Galega nada quieren saber de un
partido tutelado como el de Guillerme Vázquez. Pero la izquierda saldría reforzada
a largo plazo de una supuesta colaboración entre dichas formaciones.
Eso sí, nada está perdido si el PSdeG es
capaz de armar un buen discurso de izquierda y elaborar un programa electoral
que sea capaz de captar la confianza de los ciudadanos. Seguramente, sea el
campo del lenguaje, donde el PP es histórico experto, el que tenga que trabajar
de aquí a las próximas elecciones. Aprovechemos la cercanía para explicar
nuestro discurso. Si conseguimos que la gente entienda el contenido de nuestros
argumentos estaremos en condiciones de luchar por el cambio.