La crisis económica no sólo
ha obligado a vivir de forma distinta, mudando hábitos propios de la
aristocracia circense, sino que ha implantado una nueva realidad social.
Primero, fueron bancos y cajas y ahora parece que serán los municipios los que
deberán fusionarse con el fin de ahorrar costes administrativos y, en teoría,
ofrecer mejores servicios. Pero, ¿son realmente necesarias las fusiones?
¿Cuáles son sus pros y sus contras? ¿Obedecen a cuestiones administrativas o
quizás a intereses políticos?
La pasada semana los alcaldes
de Oza dos Ríos y Cesuras escenificaban la primera fusión administrativa,
cuarenta y cuatro años después de la unión entre los municipios de Celanova y
Acebedo. Por aquel entonces, la fusión fue necesaria porque no tenían medios
económicos. Además, todos los vecinos estaban de acuerdo: no querían pagar
tantos impuestos y pensaban que siendo de Celanova no sería así. Se equivocaron.
Pero en el caso de los
municipios coruñeses parece más una imposición política que un resultado fruto
de la voluntad vecinal y la necesidad. Es cierto que la fusión ahorra muchos
costes administrativos, pero presentará otro tipo de dificultades y es que muchos
vecinos se muestran reacios a renunciar a su identidad y a ser receptores de
una atención de segunda categoría.
Está claro que hay que
revisar el mapa de nuestro territorio con el fin de ser más competitivos, pero
esa revisión no puede ser espontánea: debe ser profundizada, pues no todas las
piezas encajan en ese complejo puzzle territorial y algunas de ellas se
resisten a acoplarse porque, de entrar, saltarían seriamente dañadas.
No es un problema exclusivo
de nuestra comunidad, sino de toda España y es que sólo la provincia de Burgos
tiene más ayuntamientos que toda Galicia. Pero no se resolverá mediante
amiguismos esporádicos, sino que se tendría que llevar a cabo a través de una
ley estatal, desarrollada en base a criterios racionales que delimitasen dicho
proceso.
Tal vez, así llegaremos a lo
que otros países vecinos han hecho ya hace años cuando la Unión Europea fijó el
mínimo de habitantes que debería tener un municipio en cinco mil. Por ahora, en
España sólo el 13% ha llegado a esa cifra. Como casi siempre, haciendo los
deberes tarde, con la soga al cuello y sacando no muy buenos resultados.
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