El agua se drenaba
entre los sucios tejidos del interés. Ahora, la sequía inunda aquel páramo
cobrizo donde las rosas solitarias habían crecido fuertes e indomables. Sus
intrincados tallos, amurallados por afilados dientes, merman, poco a poco,
dejando a la intemperie su simple y débil estructura. Algunos de esos colmillos
muerden ahora hacia adentro inoculando un dolor insufrible y pasan de espantar
a las sucias aves para intentar abrir negras y profundas llagas.
El socialismo vive una
profunda crisis, pero parece más importante determinar quién será o no el
candidato que masticar, a conciencia, nuestras ideas. Quedarían sorprendidos si
les relatase la cantidad de gente que miente cuando dice que es socialista ¿De
qué sirve ser creyente si no actúas conforme a tu credo? Uno no nace siéndolo,
ya que se gana a base de trabajo y de esfuerzo y, por supuesto, no puede serlo
solamente de puertas hacia dentro. Debemos vivir como tal cada segundo de
nuestra vida para iluminar el horizonte con la luz de nuestras ideas.
Nunca ha sido ni es
tiempo de batallas internas, sino de aunar esfuerzos. Estamos en un momento
decisivo donde debemos redefinir nuestra identidad para poder ser competitivos
y plantar cara a la hegemonía de los mercados y al estrangulamiento inducido
por la derecha europea. No sobra nadie, absolutamente nadie, en este crítico
proceso y es algo que debemos hacer escuchando la voz de la experiencia, a
pesar de que a algunos les cueste.
No nos quedemos
demasiado tiempo analizando los errores, pues es hora de mirar hacia el futuro
y no al pasado. Podemos llegar a identificar la presencia de un tumor, pero si
no le aplicamos los tratamientos acertados, el tiempo empleado será tiempo
perdido y el dolor se convertirá en insufrible.
Seguro que si
corregimos los errores, si generamos dentro de nuestro partido una democracia
interna donde militantes y simpatizantes aporten sus ideas sin la asfixia del
tiempo y si los responsables de esta situación dejan de aferrarse a sus cargos
como si en ello les fuera la vida, seremos capaces de ver cómo cesa la lluvia
de pétalos que desprende la sequía y, calmando el dolor, evitar que la flora se
convierta en desierto. Es ahora o nunca.
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